Buscando la verdad

Enero 29, 2008 at 9:03 pm (Opinión, Reflexiones, Religión, Vida, verdad)

Domingo, 3 de Febrero de 2008

La búsqueda de la verdad se remonta al principio de nuestra cultura, cuando Aristóteles estableció silogismos para poder llegar a conclusiones ciertas. Mucho más tarde, en el s. XIX se crearon las “Tablas de Verdad”, en las cuales se intenta representar la certeza o falsedad de un hecho a partir de una o varias hipótesis. Sin embargo, el hombre común no se suele regir por formulismos a la hora de discutir una verdad; al revés, su intuición, experiencia o nervio interior influye en su percepción de la vida tanto como los hechos tal y como realmente han ocurrido.

Como ejemplo universal podemos pensar en la política. Necesitamos con tanta fuerza pensar que los ideales diferentes a los nuestros son respetables pero falsos, que nuestra orientación política nos impide contemplar la verdad y la mentira de lo que realmente ocurre en el día a día. No sólo nuestra percepción se ve nublada por esto, sino que las fuentes de las que recibimos información tampoco contienen, por lo general, una verdad pura.

Casos más extremos de nuestra incapacidad para reconocer la verdad se da en las competiciones deportivas. Podemos estar en un bar donde se encuentran seguidores de los dos equipos del partido que está siendo televisado. En caso de penalti, un noventa por ciento de los seguidores de cada equipo verán lo contrario que el otro equipo. Ante la repetición, quizá este porcentaje disminuya en diez puntos. ¿Tanto nos ciega el estar involucrados en un hecho?

La verdad de los hechos puede ser vista como el color de los objetos. Cuando contemplamos un mueble rojo, éste es así porque está iluminado por una luz blanca que es absorbida por completo excepto la radiación roja. Si otra persona mira al mueble iluminado con otra luz, será incapaz de ponerse de acuerdo con el que observaba con luz blanca. Sin embargo, ¿quién tiene razón? ¿Hay que ponerse de acuerdo respecto a la luz con la que se iluminan los hechos para poder hablar de verdad? ¿O hay una verdad absoluta? Quizás el problema principal al que nos enfrentamos no es reconocer la verdad absoluta sino al instinto de encontrar la verdad que más nos interesa. Y, por lo general, cuando ya es demasiado tarde no nos podemos perdonar el habernos cegado a nosotros mismos para no reconocer lo que estaba sucediendo en nuestras vidas. Creo que, si la verdad existe realmente, es un buen modo de vida intentar distinguirla en todos los lugares a los que miramos.

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Quien en verdad somos

Enero 23, 2008 at 11:58 am (Opinión, Reflexiones, Religión, Vida, alma)

27 de Enero de 2008

Esta semana he andado corriendo por todas partes preparando un viaje. En una de mis carreras por Albacete, me crucé con un padre que llevaba de la mano a dos hijos: uno tendría cinco o seis años y el otro sería un año o dos menor. Había dos palomas por el lado del mayor y éste las asustó dando patadas al aire. Entonces el hermano menor se quejó y le dijo: “¡No hagas eso que las asustas!”, a lo que él contestó: “Eso es lo que quiero, asustarlas”.

En ese momento no pude evitar imaginarme cómo sería dentro de unos años el carácter de cada uno de ellos, bastante diferente en esos momentos. Entonces me pregunté lo que a todos nos ha rondado alguna vez por la cabeza… ¿Lo que somos es por propiedad de nuestro Ser o porque nos han moldeado así? En el caso de estos hermanos, si podemos suponer que en casa tienen las mismas atenciones y una idéntica educación, ¿por qué presentan una actitud así de diferente?

En una ocasión leí que el alma despierta en nosotros en la etapa de la adolescencia; yo opino lo mismo y de aquí deduzco que nuestro comportamiento antes de estas fechas es dominado por las propiedades del Ser con el que nacemos. Con lo cual en estos niños se podía distinguir claramente las cualidades con las que habían nacido, pero creo que no se puede predecir cuál será su Ser final, pues este será moldeado e influenciado durante toda su vida.

Así, me viene a la cabeza otra pregunta eterna: ¿somos culpables por pecar, tanto si pecamos por participar de nuestro Ser o si es porque nos han transformado en lo que somos? Lo único que sé contestarme es lo que una vez leí en un libro: no podemos ser tan presuntuosos de pensar que Dios puede ofenderse por lo que hacemos, ni es inteligente pensar que nos juzgará según la idea que nosotros tenemos de juicio. Pero, aunque esto sea así, ¿es justo ser lo que en verdad somos?

Nosotros no elegimos nuestro Ser neto ni el ambiente en el que naceremos; de hecho, no podemos elegir la capacidad de elegir y guiar nuestra vida. ¿O sí? Si creemos en el alma, por qué pensar que ésta nace cuando nuestro cuerpo nace. Quizás el Ser con el que nacemos o en el que nos convertimos forma parte de un plan o un orden, divino o propio, que no somos capaces de entender en esta vida al igual que no somos capaces de ofender a Dios, tan por encima de nuestras capacidades se encuentra. Entonces, si lo que somos no es culpa ni virtud nuestra, ¿qué pasa con la parábola de los talentos? Pienso que ésta está dirigida a nosotros como seres terrenales, y por tanto en vida sí que nos tiene que preocupar cuál es nuestro Ser y a dónde lo podemos llevar, porque es la aplicación de nuestros dones en vida lo que lleva paz, armonía y felicidad al alma. Todas estas cuestiones me llevan a ver de diferente manera el Bien y el Mal, pero esa es otra historia para la que yo no estoy preparado a darme respuestas…

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Buscando la felicidad

Enero 15, 2008 at 2:42 pm (Diario, Opinión, Vida)

20 de Enero de 2008

Los amantes de la saga Matrix recordarán que en la primera película uno de los personajes vende a la humanidad a cambio de que le hagan vivir una vida virtual en la cual sea un actor de películas pornográficas y todos los días pueda comer carne hasta hartarse. Esta idea de la felicidad puede representar de manera exagerada lo que muchos intuyen que es necesario para sentirse feliz. Sin entrar a criticar si esta idea es acertada o no, es bueno repasar lo que diferentes filosofías han declarado necesario para alcanzar la felicidad.

Así, Platón pensaba que el hombre debía intentar alcanzar la armonía en el alma y parecerse lo más posible a la Idea de Dios. Algo similar opinaba Aristóteles, según el cual la felicidad debía buscarse en una característica propia del hombre: la razón. De manera que el placer, la abundancia o la descendencia pueden ayudar, pero es la práctica de virtudes morales e intelectuales la que nos permitiría ser felices como estilo de vida, y no en contadas ocasiones.

Todos hemos escuchado alguna vez la frase “lo aguantó todo estoicamente”; esta sentencia hace referencia al estoicismo, fundado por Zenón a finales del siglo IV a.C.; según esta corriente no se puede cambiar lo externo a nosotros ni los devenires de la naturaleza, así que debemos intentar cambiar nuestro interior de manera que aceptemos libremente todo nuestro destino; de hecho, se afirmaba que un sabio podría ser totalmente feliz bajo tortura. Al mismo tiempo, el epicureísmo (de Epicuro) intenta buscar la felicidad y darle sentido a la vida mediante el placer, entendiendo placer como la ausencia de dolor y huída del tormento. Siete siglos más tarde del inicio de estas últimas corrientes, San Agustín afirma la necesidad del uso de la razón, como Aristóteles, más la fe para descubrir a Dios dentro de nosotros (al contrario que Platón). Para San Agustín es necesario reconocer y buscar a Dios en nosotros mismos y llegar a amarle para sentir armonía en el alma y alcanzar la felicidad.

Cuatro siglos después, las corrientes budistas enseñan la idea según la cual alcanzamos el estado perfecto mediante la ausencia total de deseo (nirvana). Siete siglos más tarde, Santo Tomás también nos hace ver la necesidad de la contemplación de Dios, la verdad absoluta, y el uso de la razón y el ser virtuoso para ser felices.

Más tarde la búsqueda de la felicidad rompe en la filosofía como principal búsqueda del hombre, pero aún podrían citarse muchos más pensadores que se han ocupado en dar forma a este deseo anhelado por el hombre desde que dejó de vagar por la Tierra y comenzó a mirar dentro de sí.

Seguramente podíamos encontrar tantos caminos trazados hacia la felicidad como siglos de historia escrita arrastramos. Pero si intentamos señalar un factor común a todas estas corrientes filosóficas, podríamos destacar el uso de la razón. Opino que hay que buscar en las propiedades humanas el camino para obtener anhelos humanos. Como propiedades humanas se me ocurren la razón y la fe (y quizá también la capacidad de reír). Al darse sólo en el hombre, no puedo considerarlas otra cosa que regalos de Dios; regalos que son talentos y herramientas que no se deben dejar de utilizar para alcanzar el deseo, también únicamente humano, de la felicidad.

Una vez en un hostal de Ámsterdam cogí un libro que tenía una dedicatoria escrita por una chica. Esta chica decía que había viajado mucho para encontrar un hogar hasta darse cuenta que el hogar no se busca, sino que lo hace la gente. Quizás algo similar podría aplicarse a la felicidad, dejando de buscarla de una vez y comenzando a construirla.

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Despedia de soltero

Enero 9, 2008 at 11:30 am (Crítica, Diario, Vida)

13 de Enero de 2008

Hace un año un amigo aprobó las oposiciones de Policía Nacional y se marchó a realizar las prácticas en Valencia. Allí buscó piso y finalmente entró a compartir uno con dos gallegos. Uno de estos, al que llamaba “el Gallego”, contaba que cuando terminara las prácticas se casaría con su novia de toda la vida. La primera noche que se juntaron para irse de fiesta les sorprendió a todos que el Gallego conoció a una chica y se la llevó a casa. Al día siguiente todos le rieron la gracia y lo olvidaron. Sin embargo, el siguiente jueves que se fueron por ahí, volvió a repetir hazaña con otra chica diferente. Mi amigo, intrigado, le preguntó si era broma que se iba a casar. El chico gallego respondió que su novia era muy celosa y que no le dejaba respirar, así que usaría los cuatro meses de prácticas como despedida de soltero.

Cada semana mi amigo nos contaba las aventuras del Gallego; el chico era un auténtico fenómeno, cada día que salía de fiesta volvía acompañado. Llegó a comprarse un móvil sólo para sus amistades de Valencia, y el otro móvil era el que usaba para hablar con su novia. Si lo tenía apagado, se excusaba diciendo que estaba durmiendo porque había tenido que hacer patrulla durante toda la noche con el zeta.

Una vez fui a visitar a mi amigo a su piso de Valencia y nos fuimos de fiesta. A la vuelta, el Gallego se había apoderado de la cama (de matrimonio) de mi amigo y éste le tuvo que levantar a gritos. La chica salió asustada y el Gallego se levantó en calzoncillos riéndose y sin despedirse de la pobre que estaba roja de vergüenza. En fin, el caso es que las prácticas terminaron y lo último que sabemos del Gallego es que se casó y ahora vive en Madrid. Me pregunto quién saldrá loco antes, el Gallego o la Gallega.

Si engañar a alguien dos veces es peor que engañar una vez, y por tanto engañar diez veces peor que cinco… ¿hasta qué punto llega la maldad de este gallego respecto a su esposa? Un día en clase de Religión mi profesor nos enseñó una limitación de lo que entendemos por libertad: “Nuestra libertad acaba donde empieza la del otro”. ¿Qué es peor: intentar cambiar a alguien con un excesivo control u ocultar lo que realmente somos engañando despiadadamente? Algunas personas pondrían la mano en el fuego de que jamás serán infieles a su pareja, pero creo que casi el cien por cien la pondría respecto que no lo sería durante cuatro meses seguidos. Sin entrar a juzgar qué tipo de Policía Nacional nos espera con gente que muestra este tipo de ética, ¿a dónde estamos llegando? ¿Por qué todos nos reímos al leer lo que este chico le ha hecho a su esposa?

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La Amistad, un buen regalo

Enero 8, 2008 at 6:00 pm (Opinión, Religión, Vida)

6 de  Enero de 2008

En su “Ética a Nicómaco”, Aristóteles ya identificó tres tipos de amistad que, al igual que el oro, incienso y mirra, son regalos antiguos desde las primeras raíces del hombre.

Primero, las “amistades de negocios”. Aunque más bien se les debería llamar relaciones de negocios, es un estado necesario a lo largo de casi toda nuestra existencia y no siempre conlleva engaño sino un convenio expreso entre personas cordiales que reconocen dependencias lucrativas entre ambas.

El segundo tipo de amistad que todos hemos experimentado la reconoce Aristóteles como “amistad de placer”. Con esto hace referencia sobretodo a las amistades juveniles que se basan en la búsqueda unida de todo aquello que anhelan, como hoy sería salir de fiesta o revelarse contra las reglas establecidas. Ésta es una unión egoísta que suele romperse o debilitarse con la madurez, cuando el adulto ha definido su personalidad y reconoce que ya no es compatible con sus antiguas amistades.

Finalmente, la “amistad entre los buenos” se da entre caracteres adultos y afines mientras que estos caracteres perduren. Y un carácter maduro, o virtud, dice Aristóteles que perdura largo tiempo. Un amigo me comentaba que a medida que se hace mayor tiene menos ganas de conocer a gente nueva. Aunque es cierto que cultivar una amistad profunda requiere mucho tiempo y lentitud, una amistad más ligera y suficientemente nutrida puede mantenerse sea cual sea nuestra ocupación y siempre será un buen regalo para ofrecer y por supuesto recibir.

Hoy podríamos identificar algunos tipos más de amistad. Pero yo me quedaría con la amistad a Dios. Y digo a Dios porque “de Dios” la tenemos desde que nacemos y sólo falta que nuestro lado se active. Cuanto mayor me hago y tengo más experiencias, más seguro estoy que existe una comunicación bidireccional en esta amistad divina. Pero cuesta mucho escuchar la respuesta, hace falta dejar de prestar atención a lo que viene de afuera y escuchar lo que tenemos dentro.

Concretamente, yo me doy cuenta de la respuesta de Dios cuando ha pasado tiempo y miro hacia atrás. No recuerdo en qué libro leí que si decimos “Señor, dejo que mi vida navegue según tu voluntad” nuestra vida será libre (aunque nunca libre de dolor) y tendremos un amigo eterno a nuestro lado.

Por esto el regalo que más me gusta de los Reyes de Oriente es el incienso, símbolo de Dios y de su presencia. Siempre es un buen momento para, junto al jersey o al perfume, ofrecer nuestra amistad como regalo. Y si necesitamos un día para que nos lo recuerden, bienvenido sea este día de convertirnos en Reyes Magos.

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Comidas Navideñas

Enero 8, 2008 at 5:58 pm (Crítica, Diario, Opinión, Vida)

23 de Diciembre de 2007

Un día, cuando tenía 16 años, un miembro del Obispado me dijo que en Noche Buena y Navidad en su casa comían igual que siempre y que, como mucho, abrían una cerveza o una sidra. En ese momento me enfadé un poco porque creía que era llevar un ideal hasta el extremo. Sin embargo ahora, diez años después, me parece admirable y envidiable. De hecho, me enfadé con mi familia por estar una semana entera discutiendo si comer el día de Navidad en el restaurante más caro de Albacete o en el segundo más caro. Finalmente ha ganado el más caro y sé que voy a comer a regañadientes.

Siempre me río de un amigo mío al que llamo Pedrito Bogavante porque parece que no concibe una comida social sin que de primero se pida arroz con bogavante. Pues para colmo éste es el plato que me tocará comer el día de Navidad. No opino como el ministro que haya que comer conejo o dejar de dar propinas, pero tampoco me gusta participar de un autoengaño social según el cual el mejor modo de celebrar la Navidad es ir al sitio más caro de la ciudad y llamar mientras estás comiendo a todos tus amigos para contarles dónde estás. Hasta hace unos años, mi familia celebraba la Navidad juntándonos en casa de mi tía y ayudando todos a preparar la comida, la mesa y más tarde limpiar juntos.

Desde los primeros tiempos, compartir una mesa ha sido acto de común-unión entre los asistentes y motivo de intercambio y acercamiento. Anfitrión fue rey de una pequeña zona de la antigua Italia y en la cultura clásica es famoso por los banquetes que ofrecía a sus invitados. Pues bien, yo opino que las comidas de Navidad pierden todo su sentido cuando se invaden por el espíritu de Anfitrión y rechazan el mostrado por el Evangelio en el Nacimiento de Jesús y en la Última Cena. Ir a comer en Navidad al restaurante más caro me sienta igual de mal que montar un Belén donde José esté comiendo arroz con bogavante.

Creo que la común-unión se pierde al sentarse en un banquete tan caro y de lujo en exceso, pero por supuesto no me atrevo a no asistir y quedarme solo en casa (además a todos nos gusta el bogavante). Seguramente mientras esté comiendo pensaré en ese amigo mío del Obispado que, admirablemente, estará participando de una comida normal mientras nosotros intentamos sentirnos alegres y ‘navideños’ gastando cuanto más podamos.

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Escenas de Nochevieja

Enero 8, 2008 at 5:57 pm (Crítica, Diario, Religión, Vida)

30-12-2007

En una de las muchas Nocheviejas que se celebraron en casa de mi abuela ocurrió una escena corta pero que se me quedó grabada. Yo tendría unos diez años y estaba jugando con mis primos y picando algo de vez en cuando en la mesa que ya estaba preparada con varios entrantes. Dicen que cuando todas las personas de una sala dejan de hablar a la vez es porque ha pasado un ángel. Pues debió de pasar uno, y justo en ese momento mi tío le dijo a mi tía: “¿quieres un canapé, mi amor?”. Claro, todos lo oyeron y comenzaron a comentar lo buen marido que era mi tío y la buena pareja que hacían mientras los dos se ponían un poco colorados (aún eran una pareja joven).

Cuento esto porque este recuerdo contrasta mucho con las escenas que últimamente contemplo en las cenas o comidas con mis amigos u otros grupos. Gracias a la serie previa al ‘prime time’ de una cadena de televisión, se ha puesto de moda que las parejas se insulten en público. Antes a nadie le gustaba discutir delante de nadie ni sacar a relucir los paños sucios, haciendo caso del consejo de que “las cosas de pareja en casa se quedan”. Ante un ofrecimiento de un canapé, ya no es raro que uno le conteste a su pareja que sí, que es mejor que se lo coma él porque ella está demasiado gorda. Entonces todos los comensales se ríen y otra pareja está al acecho para soltar otro “insulto gracioso” y competir con la anterior pareja. ¿Hemos perdido el Norte? Además, esta Nochevieja serán los protagonistas de esta serie de moda los que nos acompañen para despedir el año.

Espero que por un día los guionistas les den un respiro y les hagan mostrarse más cariño de lo que suelen hacer. Hay una frase que dice “somos lo que leemos”, y creo que también se podría proyectar a “somos lo que vemos”. Igual que pasamos una mala noche si cenamos mal o cogemos un disgusto antes de ir a la cama, creo que para las personas a las que les gusta hacer propósitos es bueno comenzar el año con un buen ejemplo de la vida en pareja o con algún programa de humor. Realmente espero que esta Nochevieja esta serie sea un éxito y que aprovechen para mostrar buenos sentimientos; que se cante una oda a la pareja y se enseñe que, en estos tiempos en que la duración de los matrimonios cada vez es menor, las discusiones son normales y que se pueden superar con esfuerzo y entrenando una propiedad llamada “inteligencia emocional”.

Para este año deseo que la televisión no nos vuelva tontos emocionales, que los modelos imitados expresen amor y comprensión y que sepamos desechar lo que es bueno para uno por lo que es bueno para los dos.

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