¡Milagro!

Enero 26, 2009 at 9:03 am (Pensamientos, Reflexiones, Religión, Vida, alma, verdad)

Domingo, 1 de Febrero de 2009.

Casi todos solemos usar la expresión ¡Milagro! para indicar que ha ocurrido algo que no nos esperábamos o que creíamos casi imposible de conseguir. Sin embargo, su utilización con un sentido real nos puede causar cierta incomodidad o, mejor dicho, incredulidad. Aunque seamos personas de fe en Dios, parece que necesitamos una segunda fe para creer en los milagros; nos resulta muy duro conceder que en la realidad que conocemos ocurran acontecimientos surgidos por influencia divina. Nos parece que dar razón a un milagro es aceptar que la realidad es menos densa de lo que creíamos, y nuestros esquemas parecen sufrir cierto seísmo.
Por lo general, en los asuntos de fe me gusta poco intentar buscar una razón. Sin embargo, respecto a este asunto leí hace tiempo un comentario de Leibniz, filósofo y matemático alemán del siglo XVII, que me gustó mucho. Para comprender los milagros en nuestras vidas, decía que estos se encuentran dentro del plan de Dios y por lo tanto no deben ser algo visto como fuera de la realidad. Y luego ponía el ejemplo de una serie de puntos dibujados en un papel de forma más o menos ordenada, más otros puntos dibujados aleatoriamente en otras regiones del papel. Leibniz decía que, aunque estos puntos nos parezcan frutos del azar al compararlos con los puntos ordenados, siempre existirá una función matemática capaz de unir todos los puntos con una línea continua, de forma que ya no son aleatorios, sino parte del sistema establecido, al igual que los milagros.
La Iglesia se toma muy en serio el reconocimiento de los milagros, y probablemente acepte como tales muchos menos de los que nosotros aceptaríamos tras el estudio del caso. Recuerdo un libro, El Abogado del Diablo, en el que un sacerdote hace de abogado del diablo (así es como se les llama al cumplir este cometido) para estudiar si cierta persona fallecida realmente había realizado milagros y por tanto podía ser considerada santa. Los milagros existen, y la Iglesia no se encarga de inventarlos sino de desenmascarar a quien intentan fingirlos y también de darnos a conocer aquellos milagros que han ocurrido, dentro del plan establecido en este mundo que, según Leibniz, es así porque es el mejor de los mundos posibles.
Newton, conocido como la mayor mente de la historia, decía que no concebía otra causa del gran sistema del universo que no fuera la intervención de una mano divina. Anteriormente al siglo XVI se pensaba que los planetas giraban alrededor de anillos esféricos, y les habría parecido un milagro que en realidad giran sin ningún soporte aparente.
Los milagros existen, pero no son magia. Son parte de la realidad, una decisión incluida en el sistema que Dios diseñó para su creación. Y no debería hacer falta ninguna dosis de fe especial para creer en ellos, sino simplemente aceptar la realidad tal y como es, y no como la percibimos desde nuestros pequeños y discretos asientos.

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Apariencias

Enero 21, 2009 at 8:29 am (General)

Domingo, 25 de Enero de 2009

Han llegado las rebajas, más publicitadas que nunca, y muchas personas acuden a comprar lo que presumiblemente necesitaban y se habían esperado a comprar. A mí personalmente me encanta vestir barato y a la moda, pero reconozco que me agobio mucho al entrar en las tiendas y tener que buscar y probarme ropa; así que más aún en estas fechas. Por eso le pedí a un amigo que me acompañase y así por lo menos no agobiarme con tanta ropa tirada sobre las mesas de las tiendas. Antes de nada tomamos un café en el centro y luego fuimos a la primera tienda que eligió él, una bastante cara donde no me suelo atrever a comprar nada. Finalmente me compré un jersey y mi amigo una camisa, para luego ir a uno de los nuevos outlets que han abierto en Albacete. Estos son tiendas donde se vende ropa de otra temporada o que tienen alguna mala costura. Encontramos ofertas muy buenas así que ahí también compramos algo. En particular mi amigo se compró un par de zapatos y, a la salida, cuál fue mi sorpresa cuando le vi meter los zapatos dentro de la bolsa de la primera tienda, la más cara. Le pregunté al respecto y me dijo que no le gustaba que la gente viera dónde compraba…
Al día siguiente, al ir a misa, me ocurrió otro caso que me llamó la atención. Al entrar a la parroquia hay siempre mendigos (que no pobres, como dice el párroco) que te mantienen abierta la puerta para que pases y muy educados te saludan y te tratan de señor/a. No sólo escuché sonar un teléfono móvil con un tono MP3 que indica que el móvil de uno de ellos no es nada malo, sino que el tono era uno de los anunciados en un programa de cotilleo famoso en televisión al que hay que mandar un mensaje o dos para que te den el tono (unos 4 euros, vamos). Además, mi novia me cuenta que varias veces al salir de misa, cuando la gente no da dinero el mendigo tan amable que sujeta la puerta, ha escuchado que éste murmulla palabras como: capullo o me cago en tu padre.
Y, la tercera apariencia que quería comentar, nos afecta a muchos de los que vamos a misa los domingos, a mí el primero. Desde adolescente me he fijado que las personas, conforme van entrando en la parroquia antes de que comience la misa, se van sentando primero en los bancos vacíos. Si hay 1 persona en una punta ya no se sientan en él. Luego, cuando en todos los bancos hay 1 persona al menos, entonces ya comienzan a repetir banco, pero sentándose en el otro extremo. Luego, cuando ya no hay remedio, nos sentamos junto a otras personas. Es algo que se puede entender pero, aún así, a mí no me gusta seguir ese instinto cuando lo que voy a hacer es escuchar misa y, a mitad de la ceremonia, darme amistosamente la paz con gente a la que parecía estar evitando.
Estamos rodeados de apariencias, de rostros proyectados que no necesariamente indican lo que hay en el interior de la persona. No es trabajo nuestro desenmascarar esos rostros, bastante tenemos con nosotros mismos y las máscaras que nos ponemos por la mañana al levantarnos, o que un día nos pusimos y no somos capaces de quitarnos. Es tarea nuestra ser conscientes del rostro que damos al exterior y saber si es que el que deseamos. Normalmente, creo que es más sencillo ser feliz cuanta mayor es la harmonía entre nuestro interior y el rostro que proyectamos.

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Familia

Enero 14, 2009 at 7:50 am (Opinión, Pensamientos, Reflexiones, Religión, Vida)

Domingo, 18 de Enero de 2009

Hace varias semanas fue el Día de la Familia en España y, desde entonces, no paro de darle vueltas a varias cosas que se dijeron ese día y a otras que llevan aconteciendo a mi alrededor bastante tiempo. En televisión escuché que hay que saber vivir en familia a pesar de lo que hoy esté de moda, y yo automáticamente sólo pensé en que se refería a los esposos/esposas. Sin embargo más tarde en misa el párroco nos hizo ver el compromiso familiar desde todos los puntos de vista: la hija, el padre, el nieto,… Y pasé de concebir las palabras que se decían el Día de la Familia como un deber para el futuro a sentirme plenamente identificado y a pensar en muchos problemas que ocurren a mi alrededor.
Por ejemplo recuerdo la historia de una abuela que contaba hace tiempo a un amigo que se sentía inservible en casa de su hija porque apenas podía moverse, y cuando sus nietos le hablaban era para decirle: “¿por qué no se va a su cuarto, abuela?”. O la historia de una familiar lejana mía, que dedicó toda su vida a mantener a su marido y 3 hijos. Cuando las cosas les iban estupendamente, cayó enferma y aún así seguía trabajando. Un día no podía aguantar más en el trabajo y llamó a su hijo para pedirle que le recogiera, como respuesta obtuvo: “no estarás tan mala si has ido a trabajar”. Y, muy tristemente, cuando escucho la justificación de un conocido, el cual vive con su mujer y su hija mientras que a escondidas sale con una chica diez años más joven que él.
Todas estas circunstancias han ido apareciendo a mi alrededor hace poco y el Día de la Familia comencé a pensar si siempre ha sido así, o si vamos a peor, o quizá estamos mejorando lo que había. Eso no lo sé. Pero lo que sí me queda claro es que hay muy pocas ganas de comprometerse para crear una familia. A mí personalmente es un proyecto que desde pequeño me ha hecho ilusión, así que a veces pienso que se trate de tener vocación. Con lo cual por supuesto respeto a aquellos que no tengan vocación de tener familia, que los hay. A parte de tener vocación de familia, hay que saber resistir el miedo que la sociedad nos hace sentir respecto al compromiso familiar. Entre mis amigos, y yo el primero, a veces hablamos de lo bonito que es comenzar una relación pero el miedo que da pensar en que se convierta en algo más serio. Y conforme nos hacemos adultos este miedo va creciendo cada vez más, lo cual recuerda a la frase de Daniel d’Arc: “Rascad la piel de un escéptico, y casi siempre hallaréis debajo los nervios doloridos de un sentimental”. Sin embargo, la lección más grande que he recibido al respecto fue algo que me dijo mi padre hace años: “La sensación inicial de enamoramiento puede desaparecer con el tiempo pero, si la relación se construye bien, luego aparece algo que es mucho mejor”. Esa frase se repite en mi interior cada vez que tengo una conversación con “no creyentes” en las relaciones comprometidas y que me acusan de “conformista” o “ingenuo”. Y entonces me acuerdo de mis abuelos, que con 70 años aún tonteaban mientras veían la televisión sentados en el salón. Es muy triste que haya personas que no pueden disfrutar de su magnífica relación por culpa del miedo.
Está claro que hay que hacer sacrificios tanto por la familia que obtenemos al nacer como por la que creamos al hacernos adultos. Un amigo me dijo a modo de broma que el compromiso es un acto de fe, lo cual me gustó mucho y creo que es otro motivo que hace que el compromiso familiar sea aún más gratificante.

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