Disfrutando Más de Misa

Noviembre 6, 2008 at 7:36 am (Reflexiones, Religión, alma)

Domingo, 9 de noviembre de 2008

Hace muchos años solía ir a misa con mi amigo Javi todos los domingos por la tarde. Pasado un tiempo, dejé de ir frecuentemente. De vez en cuando, Javi me contaba que la misa había estado genial porque el coro había cantado debido a alguna festividad. Yo pensaba que lo decía para picarme y que fuera más a menudo, además yo le decía que las celebraciones con coro duran bastante más.

Como a muchos les habrá pasado, mis inquietudes adolescentes desaparecieron al pasar los 20 años y con ellas mis energías para reservar a Dios una minúscula parcela de tiempo durante 30 minutos semanales. Varios años después, y recientemente, conocí a una chica que necesita ir a misa como fuerza reparadora. Después de misa, le gusta quedarse sentada un rato en oración (y ay de mí si oso interrumpir ese momento). Esa chica ahora es mi novia y me ha vuelto a contagiar la necesidad interior de acudir a misa semanalmente. Y lo disfruto más que nunca porque voy con ella, y parece que adquiere un sentido más amplio el momento de tomar la Común-Unión. A veces me dice: “La misa de los domingos tendría que ser 2 veces a la semana, porque el miércoles ya se nos ha olvidado”. Y es verdad que la sensación embriagadora al salir de misa dura poco, y conviene hacer el esfuerzo durante la semana por recordar qué fibra es esa que el sacerdote nos tocó durante el comentario del Evangelio.

Finalmente, no sólo ir con alguien que quieres te hace disfrutar más de la celebración, sino que hechos como que en la Parroquia a la que ahora voy a misa (San José) toca el coro todos los domingos, llena de una alegría especial esos cortos 30 minutos. El sacerdote y diácono de la Parroquia nos animan a cantar las canciones leyendo las letras de un proyector que han colocado a la vista de todos. Ya no tenemos excusa, y sin embargo pocos cantan. Yo, para disgusto mío, nunca me atrevo a cantar y casi sufro por dentro por no hacerlo. Mi novia sí canta de vez en cuando, y algunos asistentes cada vez cantan más fuerte. Decía San Agustín: “el que ora cantando, ora dos veces”. Yo añadiría que además disfruta el doble.

Hay muchos motivos para ir a misa. Comenzando por la necesidad personal, pasando por los que algunos llaman “deber”, y terminando por el simple hecho de disfrutar en comunidad con personas que, en el fondo y al igual que cada uno de nosotros, buscan un poco de luz y color en sus vidas.

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Libre albedrío y salvación

Octubre 16, 2008 at 12:44 pm (Reflexiones, Religión)

Domingo, 18 de Octubre de 2008

Antes de que tomara la Primera Comunión, le pregunté a un vecino amigo mío con el que iba a misa qué era lo que hacía en el rato desde que tomaba la comunión hasta que el sacerdote continuaba diciendo “oremos”, y me contestó que rezaba un “Ave María”. Es por eso que tengo la costumbre de rezar esa oración durante la comunión en misa. En dicha oración, hay una frase que nunca había entendido: “llena eres de gracia”. “¿De gracia?”, me preguntaba. Hasta que hace poco descubrí que la “Gracia Divina” es, principalmente según San Agustín, un don que Dios nos regala para saber o querer acercarnos a Él. De esto derivan dos problemas directos que han sido (y el problema aún no está resuelto) motivo de discusión y de aparición de numerosas sectas o herejías que se diferenciaban de la doctrina oficial del cristianismo en cómo se solucionan dichos problemas. El primero consiste en que si nuestra fe depende de la gracia que Dios nos regale, ¿dónde está nuestra libertad prometida en la Biblia? San Agustín contestó a esto que somos libres de utilizar la gracia que nos ha sido concedida, y ahí radica nuestro libre albedrío. El segundo problema que la cuestión de la gracia plantea es que si la gracia es concedida por Dios entonces existe predestinación para la salvación, y es Dios quien lo decide antes incluso de que hayamos nacido. Si Dios decide cómo de fuerte sentiré su llamada, cómo de grande será mi fe, ¿depende de mí obtener la salvación? Aquí ya aparece una subdivisión del problema: los hay quienes creen en la salvación global, y los hay quienes creen que la salvación sólo será otorgada a los que la merezcan. La creencia más generalizada era esta última, y por lo tanto volvieron a surgir nuevas divisiones: unos defendían que Dios otorga la misma cantidad de gracia a todos los hombres mientras que otros pensaban lo contrario. En resumen, existía una duda e incomodidad grande que exigía respuestas. San Agustín, como era costumbre suya, intentó quedarse en un punto medio y expuso que independientemente de la gracia que cada hombre posea, puesto que el libre albedrío puede usarse tanto para alejarse de Dios como para acercarse a Él, los “destinados” a perderse pueden acabar siendo salvados y viceversa.

Personalmente a mí nunca me ha gustado racionalizar tanto la fe, pero es bueno saber qué es lo que estamos diciendo al rezar, y no cantar, como decía una profesora mía, oraciones como el Padrenuestro “como un papagayo”.

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Sacando lo salvaje

Septiembre 19, 2008 at 7:52 am (Reflexiones, Vida)

Domingo, 21 de Septiembre de 2008

Aquí en Albacete solemos decir que el final de las vacaciones de verano se ve un poco aliviado gracias a que llegan los diez días de Feria. Mientras que algunos ni siquiera la llegan a visitar, otros muchos se pasan casi los diez días de fiesta, bebiendo mojitos y comiendo y cenando longaniza a la plancha.

Mi amigo Ricardo invitó a sus compañeros de Alicante a pasar el fin de semana en la Feria, y estos se hospedaron en un hotel de tres estrellas. Quedé con Ricardo en ir por la tarde del viernes a recoger al hotel a sus amigos y enseñarles todo el complejo ferial. Sin embargo, al llegar ellos ya habían comenzado su propia fiesta. Tanto les había hablado mi amigo de la fiesta salvaje en la Feria y de los mojitos que ya habían comprado lo necesario para hacer mojitos cubanos y estaban bastante borrachos en la habitación. Casi todos tienen 27 años, así que asustaba bastante ver a cuatro personas de esa edad actuar como auténticos locos: habían sacado la puerta del baño de sus bisagras y, como no podían volverla a poner, rompieron una bisagra y dejaron la puerta fija pero sin poderse abrir o cerrar. La habitación tenía hielo derritiéndose en el suelo y la hierba buena parecía parte de la decoración de las colchas. Mi amigo quería salir de allí cuanto antes y les metió prisa; sin embargo, uno de ellos comenzó a enfadarse mucho porque se había olvidado la correa… y no se le ocurrió otra cosa que arrancar el cable del teléfono y atárselo alrededor del pantalón.

Viendo la situación, yo ya no pude evitar reírme mientras Ricardo me decía que no entendía lo que les pasaba, que en Alicante eran bastante más formales. Por fin salimos del hotel antes de que nos llamaran la atención y dimos una vuelta hasta llegar al Templete. Allí les dejamos bailando mientras íbamos a por unos Miguelitos de La Roda. Al volver, se los comieron dejándose la boca y las ropas manchadas de crema y hojaldre mientras saltaban para coger unos de los gorros que se tiraban al aire…

Al día siguiente yo ya no fui al hotel, pero me comentó Ricardo que la situación en la habitación era similar y que estaba seguro de que recibirían a lo largo de la semana siguiente una llamada del hotel porque habían dejado todo destrozado.

El caso es que me pregunté por qué unas personas pueden cambiar tanto cuando les dan un motivo, como por ejemplo en este caso por comentarles durante semanas que nuestra Feria es sinónimo de fiesta sin fin y sacar lo más salvaje de dentro. Esa excusa les sirvió para sacar algo de ellos y crear esos estropicios en una habitación que no era suya. Algo similar ocurre con los turistas ingleses y escoceses que vienen a propósito a la costa para hacer fiestas bastante salvajes, pues esa es la imagen que allí tienen de España. Me pregunto cuánto nos hace la vida guardar en nuestro interior para que en algunas personas haya estos tipos de explosiones. Al menos, el ser conscientes de que esto ocurre creo que permite conocernos mejor y hacernos una idea de qué es lo que pasa en la vida interna de los que nos rodean.

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Creer en Dios

Septiembre 9, 2008 at 10:50 am (Reflexiones, Religión)

Domingo, 14 de Septiembre de 2008.

En numerosas ocasiones a lo largo de mi vida me he encontrado abordado y atacado de forma que, sin buscarlo, de repente estaba envuelto en una discusión defendiendo mi creencia en Dios. A lo largo que me hacía mayor comenzó a crecer mi curiosidad respecto a qué habían pensado los filósofos y pensadores cristianos a la largo de la historia. El motivo principal para no tener fe que más gracia me hizo fue el de Nietzsche, que llama al Dios de la Biblia un invento de los débiles para alcanzar el poder, diciendo que los cristianos en verdad tenemos sed de venganza por lo débiles que somos.

Respecto a las pruebas de la existencia de Dios, antes incluso de que apareciera el cristianismo, Aristóteles ya demostraba mediante la razón la existencia de un Dios, un Primer Motor del Universo. Siglos más tardes San Agustín cristianizó algunas ideas de Aristóteles, y además defendió como prueba principal de la existencia de Dios la presencia de Verdades eternas en nuestra mente. Más tarde, Santo Tomás siguió la vía de San Agustín: intentar dar a los ya creyentes pruebas lógicas del Dios cristiano.

Bastantes siglos después, en el s. XVII, Descartes también intentó demostrar la existencia de Dios dentro de su sistema de dudas de todo lo establecido. Sin embargo, un contemporáneo suyo planteó otra alternativa de consolidación de nuestra fe que es con la que yo estoy más de acuerdo. Pascal, científico y filósofo, no estaba de acuerdo con tanto empeño histórico en procurar pruebas racionales de la existencia de Dios. Pascal defendía que al igual que no existen milagros matemáticos, tampoco se puede encontrar una fórmula matemática que defina a Dios. Además, como gran aficionado al juego, desarrolló una teoría de apuestas según la cual demostraba que al hombre le conviene “apostar por Dios”. Y despreciaba a los que buscaban pruebas para poder dar rienda libre a su fe. El mérito, según Pascal, estaba en apostar por Dios.

Y es lo más sencillo que se puede contestar cuando un grupo de comensales intentan que no disfrutemos de nuestra comida. No tenemos que demostrar nada, sólo apostar por nuestra mayor corazonada.

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Ser mejores

Septiembre 2, 2008 at 9:47 am (Reflexiones)

Domingo, 7 de Septiembre de 2008.

La llegada de septiembre y el comienzo del nuevo curso suele inspirar en nosotros el deseo de ser mejores. Los deseos y buenas intenciones para uno mismo suelen ser más fuertes en esta época que en el comienzo de año. Es en septiembre cuando de verdad sentimos que todo comienza de nuevo y que ésta sí es nuestra oportunidad de convertirnos en aquello que deseamos. Es cuando nuestro deseo de ser mejores parece más al alcance de la mano, e incluso los más optimistas creen que esta capacidad de mejorar puede no tener fin, como decía Blaise Pascal: “El hombre se supera a sí mismo infinitamente porque siempre está en camino hacia la plenitud infinita”.

Aprovechando el empujón que septiembre nos hace sentir, los kioscos y los espacios publicitarios se ven inundados de decenas de colecciones que intentan llenar ese hueco que sentimos vacío y que queremos llenar de nuevos conocimientos. Hay colecciones que realmente son una maravilla, y a veces no es mala idea entrar en una de ellas; siempre que no consista en la construcción de una maqueta para lo cual nos dan un palito de madera nuevo cada semana.

Luis Rosales decía: “Ser hombre es crecer para dentro”. Pensar que nuestra capacidad de crecer es infinita suena a palabrería barata. Pero, ¿alguien ha sentido alguna vez tocar límite dentro de sí? Hay tantos campos fértiles en nuestro interior ávidos de ser regados con buen criterio y periódicamente, que difícil me resulta creer que alguien haya llegado alguna vez a la plenitud de lo que puede llegar a ser como persona.

Esforzarse por ser mejores requiere energía; sin embargo, podemos llegar a ser peores continuamente sin tener que realizar el mínimo esfuerzo. Hace unas semanas, dijo el párroco de San José en misa: “No me escandalizo por el pecado de nadie porque entiendo la pasta de la que estamos hechos y a lo que podemos llegar”. Esta pasta, moldeable a cualquier edad, nos pide a gritos después de vacaciones que la alimentemos con obras y con saber. Escapemos de los síndromes “post-vacacionales” y aferrémonos a la ilusión de crecer hacia dentro.

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Cuando nos miremos las manos

Agosto 5, 2008 at 10:41 am (Reflexiones, Vida)

Domingo 10 de agosto de 2008

Un día en clase de Religión nuestro profesor nos contó que había asistido a un mendigo en sus últimos momentos de vida. Nos decía que en un momento este mendigo se miró a las manos y decía: “¿Qué hecho con mi vida?”.

¿Qué hecho con mi vida?, es una pregunta que todos nos hacemos de vez en cuando. Es una interrogación tan poderosa que incluso puede asustar. Me imagino que debe de ser terrible sabernos en las puertas de la muerte, observar nuestras manos y hacernos esa pregunta. Nuestras manos, tan familiares, cuántas veces las hemos mirado de cerca aunque fuera por aburrimiento. Con ellas realizamos tan directamente nuestra voluntad que no es extraño que para pensar en su vida ese mendigo las mirase tan atento.

Cuando esta pregunta asalta nuestras vidas es difícil sentirse satisfecho. No sólo eso, sino que además cuanto más conscientes somos de la necesidad de realizar un buen trabajo en esta vida más sensación tenemos de que podríamos haber hecho más. En sus Pensamientos, decía Pascal: “el hombre forma parte del Infinito, y sin embargo no le suma nada”. Es este pensamiento pesimista lo que nos puede llevar a no movernos, a no luchar y no intentar cambiar las cosas. Si no pensásemos en lo que sumamos en el infinito, y pudiéramos sentir el alivio inmenso que damos a un amigo o vecino al, por ejemplo, ayudarle en una situación desesperada, a nuestras manos les saldrían callos de ayudar una y otra vez. Si no pensáramos en lo poco que cambia el mundo al escuchar a alguien sino en cuánto ayudamos a esa persona… nos daríamos cuenta que no hacen falta grandes empresas para realizar grandes obras.

Que a base de hacer, nos salgan callos en las manos, en los oídos, en la boca,… Que cuando nos preguntemos ¿Qué he hecho con mi vida?, al menos sepamos que no nos hemos quedado quietos, sintiéndonos insignificantes.

Decía Descartes: “Pienso, luego soy”. Que nosotros digamos: “Hago, luego soy. Y me siento satisfecho y reconocido cuando miro mis manos”.

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Contando Lágrimas

Julio 21, 2008 at 2:09 pm (Crítica, Pensamientos, Reflexiones, Vida)

Domingo, 27 de Julio de 2008

Recuerdo un día cuando tenía 6 o 7 años en el que estaba hablando con mi abuela y le dije que nunca había visto a mi padre llorar. Ante mi sorpresa, ella me contestó “es que tu padre llora por dentro”. No llegué a entender esta frase pero algo podía intuir. Durante varios días observé a mi padre y una noche le pregunté: “papa, ¿ahora estás llorando por dentro?” Ni yo entendía aún ese concepto y él menos entendió a qué venía esta pregunta. Veinte años después, quizá por aquella historia, admiro a la gente que llora por dentro y respeto enormemente a los que no pueden evitar sus lágrimas o incluso gemidos de lamento. Con lo que no estoy de acuerdo es con las personas que se dedican a medir la pena en un funeral o la alegría en una boda por las lágrimas que la gente lanza. Una vez, hablando sobre una boda a la que habíamos asistido, un amigo me dijo sin ton ni son: “y que sepas que Lucía fue la que más lloró”. Lucía era su novia, y me estaba diciendo que la que más se alegró en ese día fue ella porque, decía, observó cuánto lloró cada uno y ella fue quien se llevó la palma.

Pero sin duda el peor recuerdo que tengo al respecto ocurrió tras la muerte de un familiar. Tres meses después de esta muerte, escuché a un primo hablar por teléfono con un amigo de la familia mientras le decía: “cuando murió, se lo dije a Pedro por teléfono y no veas cómo lo sintió. No podia hablar. Pero la que más lloró fue Eva, se pasó dos días llorando… Yo creo que es la que más le quería”. Me recordó a las historias que dicen que antiguamente se pagaba a ancianas para que fueran a gritar y llorar a los entierros. No puedo entender que en funerales o bodas haya siempre alguien buscando quién está llorando y, peor, quién no llora.

A mí por supuesto no se me ocurre pasar el escáner por todos los asistentes a ver quién tiene los ojos más llorosos. Personalmente, soy de los que intentan no llorar en público, para bien o para mal. Una vez, en un entierro, se acercó a mí una persona mayor y me dijo: “llorar es bueno”. Me quedé atónito. Por supuesto que llorar es bueno, digamos que es genial, pero por favor, déjenme decidir si el que yo llore va a ayudar o perjudicar más al principal afectado en la muerte. Y permitamos a la gente vivir su pena sin contabilizarla.

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Puertas cerradas

Julio 2, 2008 at 7:59 am (Pensamientos, Reflexiones, Vida)

Domingo, 6 de Julio de 2008

Hace unas semanas nos juntamos todo el grupo de amigos de la infancia en unas cabañas para celebrar la despedida de soltero de uno de nosotros. Después de todo un día de actividades deportivas, por la noche tomamos la cena en la sala privada de un restaurante del pueblo. Para el final le habíamos reservado la proyección de un montaje fotográfico en el que recordábamos toda nuestra vida juntos. Desde que meses antes habíamos comenzado a crear el montaje, siempre decíamos que sería tener muy mala suerte si se nos estropeara el DVD al reproducirlo en la despedida de soltero. Pues dicho y hecho, a los dos minutos de comenzar el disco se cortó en seco y no había manera de hacerlo continuar. Entonces saqué un DVD de reserva que había llevado por si acaso… ¡¡y resultó que había llevado una copia de seguridad de mis documentos!! Maldiciendo por mi mala suerte, fui a por mi otra copia de urgencia: una memoria USB que estaba en mi mochila en la cañaba. Fui corriendo y tropezando en todo lo que se podía tropezar hasta que di con la valla de entrada… cerrada. Todos me estaban esperando y no quería volver diciendo que nos habían cerrado la entrada así que escalé la valla como pude, desgarrándome las manos, y volví a correr hacia la cabaña. Abrí la puerta con las llaves y, una vez dentro, directamente tiré todo el contenido de mi mochila al suelo para no perder tiempo buscando. Cogí mi pendrive y fui a la puerta… ¡cerrada! No entendía cómo se había podido cerrar, y al intentar abrir con las llaves no se podía. Probé con las dos llaves con las dos orientaciones posibles y nada, la puerta no se abría. Di golpes, grité, empujé, tiré, pero aquello seguía cerrado. Me acordé del móvil, y resultó que no tenía cobertura. Tiré el móvil al suelo (menos mal que no se rompió), maldije por dentro y luego en voz alta (por qué si Dios es tan bueno ocurren cosas malas). Me giré hacia las camas, les pegué una patada, me giré y entonces… vi a un amigo mío en el umbral de la puerta (la puerta de verdad) preguntándome qué narices estaba haciendo. Con mis nervios, había estado peleándome con una puerta falsa de la cabaña que estaba sólo a 2 metros de la puerta verdadera, abierta de par en par. No pude sentirme más tonto y a la vez aliviado. Volvimos, la puerta de la valla ya estaba abierta (no pregunté cómo) y por fin pudimos reproducir el montaje. La próxima vez que me queje ante una puerta cerrada, me lo pensaré dos veces antes de darme la vuelta y patalear por mis problemas sin solución.

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Contra la Iglesia

Junio 25, 2008 at 12:40 pm (Crítica, Opinión, Pensamientos, Reflexiones, Religión, verdad)

Domingo, 29 de Junio de 2008

Los últimos ataques mediáticos contra la Iglesia en algunos espacios de la cadena de televisión La Sexta han llegado a tal extremo que hace poco leía en un periódico que dos marcas de cerveza habían retirado su publicidad de esos espacios. ¿Y por qué les preocupa a esas empresas estos ataques a la Iglesia? ¿Se supone que su mayoría de consumidores son cristianos y se sentirán atacados? Claro que no. Es simplemente una cuestión de ética. La Sexta es una cadena que da prioridad al humor y lo hace muy bien; pero también, es el humor una de las mejores armas voluntarias o involuntarias para que la gente baje sus defensas y les digan qué es lo que está bien visto y qué es tan ridículo que sólo sirve para reírse de ello. Así, han hecho que en varios monólogos y programas humorísticos uno de los temas frecuentemente recurridos sea la Iglesia Católica. Por supuesto, esta es la única religión de la que se hace humor y crítica. El resto de religiones, de lo cual nos alegramos todos los cristianos, son profundamente respetadas.

Por otro lado, escucho los intentos de oscurecer la imagen de La COPE. Cuando escuchamos el nombre de esta emisora de radio, a todos nos viene a la mente el programa “La Mañana” de los días laborables. Pero esta emisora es mucho más, y presenta varios programas que intentan acercar la Iglesia a sus oyentes.

Para reírse y criticar a la Iglesia, los artistas (que simulan ser incultos) siempre hacen referencia a la actuación de la Iglesia en la Edad Media. Aquí pongo una cita de Albert Einstein, respecto al comportamiento de la Iglesia hace mucho menos tiempo:

Siendo un amante de la libertad, cuando la revolución estalló en Alemania, miré con confianza a las Universidades, sabiendo que éstas se habían siempre enorgullecido de su devoción a la causa de la verdad. Pero las Universidades fueron acalladas. Entonces miré hacia los grandes editores de los periódicos que, en fogosos editoriales, proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las Universidades, fueron sofocados en pocas semanas. Sólo la Iglesia permaneció en pie para bloquear el paso a la campaña de Hitler para suprimir la verdad. Nunca antes había tenido un interés particular hacia la Iglesia, pero ahora nutro un gran afecto y una gran admiración hacia ella, porque solo la Iglesia ha tenido el valor y la obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral. Confieso que ahora alabo incondicionalmente aquello que una vez desprecié.”

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Cómo hemos cambiado

Junio 19, 2008 at 3:34 pm (Pensamientos, Reflexiones, Vida)

Domingo, 22 de Junio de 2008

Recuerdo que cuando de pequeño llegaba a casa al salir de colegio por la tarde, a las 18:00 horas comenzaba la programación para niños y podía ver con mis hermanos la serie de dibujos de moda, para después apagar la televisión y concentrarnos en estudiar. Los sábados por la tarde podíamos pasar la tarde entera juntos viendo dibujos en familia mientras merendábamos. Ahora ya no existen los horarios vespertinos para niños sino que les enseñan que lo interesante es contar la vida privada ante la televisión o criticar sin pausa. En los recreos ya no se comenta lo que pasó en el episodio del día anterior, sino si es cierto o no que la nueva novia del famoso de turno es “stripper”. Recuerdo que algunos dibujos eran prohibidos por el gobierno por ser violentos y todos nos quejábamos; ahora no hay nada que se pueda prohibir, un niño de 13 años buscará en Internet lo que quiera ver. Y si la venta de un videojuego se prohíbe en nuestro país, todos querrán probarlo y se lo descargarán gratis de Internet para saciar su curiosidad.

Esta nueva relación niño-ordenador se diferencia, entre otras cosas, de la relación niño-televisor en que ahora el ocio es en solitario. Si antes se disputaba el mando a distancia, el puesto en el ordenador y el manejo del ratón es para uno sólo. Echo de menos ver a un grupo de niños jugar en el portal de su casa (hasta hace sólo 15 años era muy común). Ahora se juntan, unen sus dos consolas portátiles con un cable, intercambian información del videojuego y se despiden hasta el día siguiente.

Si alguien quiere jugar en la calle no puede porque los demás están en sus casas o en clases extraescolares. Si quieren jugar al fútbol, tienen que pedir día y hora en el colegio para que les dejen el patio, u obligatoriamente apuntarse a un centro deportivo y pagar las tasas correspondientes.

Durante siglos, los bachilleres daban clases de Oratoria, Retórica, Modales, Ética,… Ahora esas son aptitudes que se han de adquirir día a día. Pero, ¿cómo se podrán adquirir si su tiempo libre en sociedad es cada vez menor?

Todas estas diferencias con la anterior generación derivan sencillamente del hecho de que hoy existe un abanico de opciones mucho mayor que antes, lo cual es bueno. Pero son tantas las opciones que la educación recibida a veces se convierte en aleatoria y por lo tanto inconsistente, llevando a los jóvenes de hoy a un laberinto ético del cual sólo sus padres y sus profesores les pueden sacar.

Es bueno remarcar que junto a las opciones hay límites, que junto a los derechos hay obligaciones y que junto a la paternidad y enseñanza existe una gran responsabilidad que no puede ser ignorada, por muy difícil que se ponga cumplir con ella.

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